LAS PROTAGONISTAS DE LA NAVIDAD

Llega la Navidad, llegan las primeras vacaciones de este curso 2020/2021, y las lecturas de trimestre se van acabando, se van entregando actividades varias que, de una forma u otra, intentamos relacionar con las fechas que se acercan, con estas entrañables y esperadas fiestas.
Nuestros lectores del Club de Lectura PERDIDOS EN LA BIBLIO, seguidores en este trimestre de un Erik Vogler recién estrenado en acontecimientos extraños… han tenido que tirar de imaginación, inventiva y dotes de investigación, para traernos distintas versiones de cómo creen ellos que su querido protagonista pasará las próximas vacaciones de Navidad. ¡Qué sorpresa se llevarán cuando sepan cómo serán realmente! (pero aún les falta…) Las mejores historias, las publicamos a continuación para que pueda disfrutarlas todo el que así lo desee.
Pero además de estos relatos navideños al estilo Vogler, le hemos pedido a nuestro alumnado que responda a un pequeño cuestionario sobre las navidades, comparándolas con las del protagonista de la novela que están leyendo. Y sobre sus respuestas y el contenido de esas navidades vogleras inventadas, versa esta reflexión.
La idea era que comparando sus navidades con las del ficticio Erik Vogler, pudieran apreciarlas y agradecer estar rodeados de familia, cariño y alegría durante estas fechas y en este año tan especial. Pero leyendo cada una de los cuestionarios, podemos llegar además a otra conclusión que nos sonará bastante: no hay Navidad sin una mujer detrás.
Todos aluden (aludimos) a lo mismo: las ganas de estar con nuestros seres queridos, pasarlo bien con los amigos, los regalos, los festejos, la música, la comida… Pero cuando ahondamos en cada uno de los imprescindibles de Navidad y nos detenemos en preguntar dónde se origina cada uno de ellos, la mayoría de las veces (así ha sido en el caso de nuestro alumnado, por ejemplo) quien está detrás de todo es una o varias mujeres (la madre, la tía, la hermana mayor, la abuela…). Las encontramos sobre todo en la cocina, preparando y organizando, mientras el resto de la familia pone la mesa o cuenta chistes en el sofá. Y aunque los ejecutores de la compra de regalos, la búsqueda de música navideña y la reproducción de vídeos graciosos y memes sean otros miembros de la familia, lo usual en estos días es que las organizadoras de todo este tinglado, sea alguna de las mujeres de la casa: “Hay que poner los regalos bajo el árbol”, “Llama a fulanito para que traiga el jamón”, “Pon algo de música mientras se acaba de hacer la cena”, “Toma, ve a comprar unas velas, que faltan por aquí”, “Oye, ¿has llamado a tu tío ya para felicitarle las fiestas?”, “Ve a decirle algo a tu primo, anda, que está ahí solo en el sillón”, “Los abrigos encima de aquella cama, por favor, que si no, no caben en la percha”, “Poned esa mesa para los niños, y la otra para los mayores”, “Esos platos no, coged aquellos otros”, “¡Rellenad la bandeja de los turrones, que ya solo quedan 4!”… ¿A alguien le suena? La mayor parte del peso mental, la organización logística, el engranaje que hace que las piezas se muevan… todo viene del mismo lugar, de la misma persona de la casa. En mi casa, es mi madre.
En los cuestionarios de los miembros de nuestro Club de Lectura, pasaba lo mismo. El mecanismo de la Navidad funcionaba alrededor de cada una de las familias gracias a una pieza principal, una mujer que lo sabe todo, que conoce a todos, que se preocupa por todos incluso más de lo que debiera, una mujer que sabe de sobra que todos están allí gracias a ella, pero a la que todos deberían recordárselo más a menudo: la abuela.

Los nietos pequeños juegan entre ellos, los más mayores se enseñan vídeos de Tik Tok y se divierten juntos, los adultos se cuentan chistes y se quejan de la vida mientras abren las cervezas y picotean del jamón que van cortando, el horno humeante señala que la comida ya está en su punto, las bandejas de marisco, canapés y ensalada ya están en la mesa, se han roto ya dos vasos y se ha usado la fregona cuatro veces, se ha bajado y vuelto a subir el volumen de la tele otras tantas, y hay una señora que debería mirarlo todo desde su sillón, con una sonrisa soñolienta, orgullosa de que todo eso esté ocurriendo gracias a ella, disfrutando del bullicio familiar. Pero la señora no está en su sillón. Está de arriba para abajo, controlando que los pequeños no se tiren de los pelos, que los adolescentes no estén demasiado ausentes, que los adultos no se enzarcen en alguna discusión sin sentido, que en la cocina todo vaya viento en popa, que no falte un regalo, un detalle, para nadie… Está en todas partes sin pararse en ninguna lo suficiente para que nos percatemos de su presencia, pero ahí está. Haciendo que todo siga funcionando. Porque sin ella, no habría Navidad. Y parece que no nos damos cuenta de ello.

Dicen que la Navidad es para los niños. Que ellos son lo más importante. Esta Navidad deberíamos acordarnos de esa figura que parece olvidada en estas fechas de alegría y regocijo. Deberíamos darle más abrazos, deberíamos sonreírle más, deberíamos darle las gracias por todo, porque sin ella ninguno seríamos lo que somos, darle las gracias por ser una razón más para que haya Navidad.

En las historias que han escrito nuestros lectores de Erik Vogler sobre esas navidades hipotéticas, la mayoría ha coincidido en algo que me ha llamado mucho la atención: el protagonista y su abuela terminan llevándose bien, terminan abrazándose incluso, casi todos abogan por la reconciliación. Lo que más le reprochan a este peculiar personaje lleno de manías y cursilerías, es llevarse mal con su abuela, hablarle de esa forma, no ser amable con ella, no ser un “buen nieto”. Creo que les ha ayudado a fijarse más en esta figura. En la real. En sus abuelas. En todo lo que son y significan. Quizá algo que ya, por su edad, por esa etapa en la que ya están metidos de egocentrismo y hormonas disparadas, habían olvidado.

Hagámoslas protagonistas de nuestras historias de Navidad este año. Que no sean las olvidadas. Que estas fiestas sean para ellas. Que lo que más escuchen estos días, sea la palabra GRACIAS.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s