UN CAPÍTULO MÁS

Mediados los años setenta. La joven Tensi, de casi treinta años, se encontraba viajando hacia Córdoba para visitar a su tía Pepita, que también era su madre. Junto a ella, su mejor amiga, Carmen, leía un mapa de carretera completamente desdoblado y ocupando parte de la luna delantera del coche.

— ¡Nos vas a matar!. Quítame eso, que no veo.
— Tensi, esto es imposible de leer. Parece ruso.
— Lo llevas del revés, burra. Menos mal que le eché un vistazo anoche, porque si fuera por ti…
—¿Vistazo? ¡Te lo estuviste estudiando hasta las tantas!
—¡Y menos mal!

Hacía dos horas que habían pasado Ciudad Real. Viajaban al ritmo de la radio, donde sonaban canciones extranjeras, desde ABBA hasta Bee Gees.

Llegando a la entrada de Córdoba estaban Pepa y Jaime esperando para guiarlas hasta la casa de la familia.

El reencuentro, tras tras tantos años, fue muy emotivo. Abrazos, lágrimas y muchos besos.
— ¡Ay! Hija mía, qué mayor y qué guapa estás. Pero esta ropa que me llevas… ¡Ay, ay! ¡Cómo te he echado de menos!

— Si es que es lo que se lleva, mamá…
— Lo que se lleva… Vaya cosas más raras. Y tú eres Carmen, ¿no? — Sí, señora.
— ¡Uy! Señora dice… Llámame Pepita, hija.

Los días pasaron rápidamente. Tía y sobrina se pusieron al día de lo que había pasado en esa década que estuvieron separadas.

Las cosas por Córdoba habían estado tranquilas. Al principio, la pareja solo salía de casa para trabajar e ir a la iglesia, pero con el tiempo, fueron sintiéndose más libres y seguros. Hicieron amigos y, a pesar de tener ya una cierta edad, llevaban un ritmo de vida muy movido.

Pepita había trabajado en, al menos, unas cinco casas, aunque en la última ya llevaba siete años. Eran gente de dinero, muy generosos y gentiles.

Por otro lado, Jaime no tuvo tanta suerte. Los primeros años de libertad fueron duros, trabajaba por un salario casi nulo. Cuando al fin fue un hombre completamente libre y pudo reunir el dinero suficiente, construyó un huerto en el patio trasero. De vez en cuando vendía parte de la cosecha a sus vecinos y con ello sacaba una pequeña ayuda extra.

En Madrid, Tensi se hizo cargo de la pensión tras la muerte de doña Celia y don Gerardo, la cual, gracias al Partido Republicano, ganó bastante visibilidad entre las personas con esa ideología.

Conoció a Carmen cuando esta llegó buscando una habitación donde pasar una temporada. Tenían edades cercanas y, con el tiempo, igual de cercanas se volvieron ellas.

Un año después, se mudaron juntas a un piso en el centro de Madrid. Tensi, Carmen y dos colegas de esta última fundaron una editorial que acabó por tener bastante éxito.

De esta manera, poco a poco todos pudieron rehacer su vida después de tanta tragedia y, al fin, ser felices. Teniendo siempre presente a los perdidos en el camino.

Lara Pedrazo Cumbreño. 2º Bach. C.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s