Otro final para La voz dormida

                 

14 de Mayo de 1966. Han pasado ocho meses desde que el Comité Provincial de Córdoba concediera la libertad definitiva a Jaime y desde que, junto a Pepita, pusiese rumbo a Badajoz, donde a Jaime le esperaba un trabajo en una mina de carbón. Jaime y Pepita estaban instalados en la casa de unos tíos de Jaime, los cuales fueron asesinados en la mañana del 15 de Agosto de 1936.

16 de Mayo de 1966. Entusiasmada, Pepita escribe una carta a Tensi en la que le contará que por fin está embarazada, pero que todavía no sabe qué nombre le pondrán. Por su parte, Jaime escucha al salir del trabajo la noticia más comentada en la ciudad; tras la muerte del alcalde Antonio Masa Campos, le sucederá en el cargo el único hijo varón del comandante militar y  fallecido Juan Yagüe, elegido a dedo por el Jefe de Estado Español Francisco Franco. 

18 de Mayo de 1966, dos días después de que Juan Yagüe jurase el cargo se suceden las primeras manifestaciones en contra del nuevo alcalde. Para paliar las protestas desde la capital llegaron 300 militares y 90 guardias civiles que mermaron la sublevación luego de provocar más de 30 muertes y 200 encarcelamientos; uno de estos encarcelamientos será el de de Jaime, provocado por defender junto a otros dos compañeros de la mina a un anciano que estaba siendo golpeado por dos militares. 

2 de Junio de 1966, después de 15 días sin saber nada de Jaime, aparte de que estaba detenido, Pepita lee en el tablón de anuncios del cuartel que ese mismo día se juzgará a todos los detenidos en las revueltas del 18 de Mayo. Por orden del nuevo alcalde, en los próximos tres días serán condenados a pena de muerte 36 presos, elegidos al azar entre los detenidos, cuyos nombres estarán expuestos durante los quince días siguientes en la plaza principal. 

Jaime no se encontrará entre estos 36 presos, quizás los más afortunados. Tampoco estaría entre los 71 que fueron enviados a Zaragoza y con los que al más puro Escuadrón 731, se probarían las nuevas armas biológicas que habían llegado a España. 

A Jaime y a 22 presos más les tocó ser enviados a Bilbao donde serían encerrados en una fábrica textil que al día siguiente sería detonada, para acusar de este crimen a ETA.

Pepita nunca imaginaría que la mañana del 18 de Mayo de 1966 sería la última vez que viese a su marido. Sola, se haría cargo del bebé que crecía en su interior y al que llamaría Jaime, como el amor de su vida.

Andrés Torreño Pajares. 2º Bach. A.

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